martes, 10 de septiembre de 2013




CIENCIA Y SOCIEDAD

En materia de ciencia, nuestro País y en particular nuestro Estado, tiene una serie de rezagos en salud, tecnología, educación, protección al ambiente, etcétera. Por lo que la ciencia tiene un mar de oportunidades para trabajar en la solución de los problemas de corto y mediano plazo que aquejan a nuestra sociedad.
Contrario a lo que la mayoría de las personas pueden pensar, hacer ciencia no es cuestión de grandes coeficientes intelectuales, ni de tecnologías de punta, es solo cuestión de contar con tres elementos indispensables: capacidad de observación, imaginación y ganas de investigar. De manera que, lo que conocemos como ciencia, no es otra cosa que un conjunto de conocimientos estructurados y sistematizados de los que se deducen principio y leyes generales, que en realidad están al alcance de todos, y todos tenemos la capacidad de hacerla, ya que en su concepción más básica la ciencia va a hacer toda actividad que nos permita generar un nuevo conocimiento (que sea demostrable, reproducible y refutable) y en su concepción social, van hacer aquellas acciones encaminadas al estudio de la solución de problemas, que una sociedad requiera, o a la comprensión de fenómenos aún no explicables.
Es necesario mencionar que la imagen social de la ciencia ha tenido profundos cambios a lo largo de la historia, pero es en el siglo que acaba de terminar donde más se notaron, sobre todo debido al vertiginoso desarrollo tecnológico (en particular en las comunicaciones), creándose un  mayor y más rápido acceso a la información, pero siendo privilegio aún de minorías. Así que de manera general ciencia y sociedad, se encuentran íntimamente ligados, pues los beneficiarios de la ciencia son las sociedades y a su vez son las sociedades quienes le demandan a la ciencia más y mejores aportes.
Hoy en día, muchos de los esfuerzo realizados por grupos de científicos organizados, se esta dando en torno a problemas ambientales, de alimentos transgénicos, de la energía nuclear, de la deforestación, del agua, de la genética, etc., en espera de poder contribuir a un mejor desarrollo social. Sin embargo, no se debe de perder de vista que el desarrollo económico de un País, se encuentra ligado al desarrollo de su propia ciencia y tecnología que sostiene al sector empresarial, y que de no generarse, se tienen que importar, lo cual en la gran mayoría de los casos los hace vulnerables por la dependencia técnico-científica que esto genera. Teniéndose como consecuencia inmediata, la de ser poco competitivos al depender de los precios de los productos y/o servicios que tienen que importar.
Los países que han optado por el desarrollo científico-tecnológico, hoy en día tienen una economía creciente, y es el caso de países como China, o la India, quienes a pesar de haber estado gobernados bajo el régimen ingles durante un largo periodo de tiempo, hoy en día su crecimiento se debe en gran parte a la inversión que han realizado en ciencia y tecnología. Esto fue posible, en primera instancia por que los gobiernos actuales de estos países, se tomaron muy en serio el papel que jugaba en su desarrollo la inversión en ciencia y tecnología, y en consecuencia hicieron los esfuerzos necesarios, para poder incrementar los apoyos en estos rubros.
Por lo que de experiencias como esas, nuestros gobiernos (Federales, Estatales y Municipales), si en verdad así lo quieren, pueden tomar esos ejemplos para normar mejores criterios que permitan contar con una mejor relación entre las comunidades científicas y academias del país, en el entendido de que para el gobierno debe ser un tema prioritario la enseñanza de la ciencia y la generación de ciencia y tecnologías propias.
Siendo entonces, que el punto en el que se debe de partir es el de una educación basada en la enseñanza de la ciencia, pero no de la manera segmentada y purista como actualmente se encuentra constituida, pues se debe de reconocer que los conocimientos cambian  permanentemente, pero ese cambio no siempre implica transformación, es decir, no implica que los conocimientos adquiridos dejen de ser lo que son. 
Por lo que, si el propósito del entrenamiento intelectual es formar la inteligencia antes que proveer a la memoria y producir investigadores intelectuales antes que solo conocimientos, entonces la educación tradicional es obviamente culpable de una grave deficiencia.[1] Por lo que, resulta necesaria una investigación mucho más amplia con el objeto de conocer precisamente que enseñar y cuándo, y como ajustar mejor la enseñanza al sujeto de manera individual.[2]
De manera que el objeto principal de la educación es crear hombres que sean capaces de hacer cosas nuevas, no repetir simplemente lo que han hecho las otras generaciones, hombres que sean creativos, inventivos y descubridores. Además, el segundo objeto de la educación es conformar mentes que puedan ser críticas, que puedan verificar y no aceptar todo lo que se les ofrece.[3] Pero para que esto se dé es necesario que la escuela cultive el hábito en sus estudiantes para que piensen siempre y examinen, permitiéndose dudar de todo aquello que no comprendan o no conozcas por sí mismos. Por lo que, será solo por el estudio de las aplicaciones regulares de los procedimientos científicos que podremos llegar a formarnos un buen sistema de hábitos intelectuales. 
Por otra parte, una acción permanente que permite que las sociedades se informen de manera sencilla, y se interesen por la ciencia y la tecnología, es  la difusión a través de los medios de comunicación de las mismas, en un lenguaje comprensible a los lectores que les permita entender los temas que ahí se abordan.




[1] PULASKI S. M.A. Para comprender a Piaget.  p. 208.
[2] Ibid. p. 173.
[3] Ibid. p. 211.

LA OTRA FORMA DE PENSAR