domingo, 31 de marzo de 2013

TIEMPO A LOS AMIGOS




TIEMPO A LOS AMIGOS

Uno piensa que los amigos y los seres queridos van a ser eternos, y que van a estar ahí, para cuando nos acordemos de ellos y tengamos ganas de verlos.
Y bueno eso está bien, si consideramos que no hacemos daños a nadie con esa manera de ser y de actuar. Y que además nuestros amigos sabrán perdonarnos esa manera de ser con ellos, caracterizada por nuestra falta de consideración y atención a la amistad que con ellos tenemos.
Sí, es verdad, nuestros amigos siempre perdonan que nos olvidemos de ellos, sin embargo la vida, esa, esa no nos perdona nada y el olvido y la falta de atención a nuestros amigos no es la excepción.
¿Qué porque lo digo? Bueno simple y llanamente, porque ella no espera y no nos va a dejar a nuestros amigos para siempre, para que cuando me acuerde y se me ocurra que lo quiera ver este ahí para mí.
Y así un día te levantas y te encuentras con la noticia, que aquel amigo, compañero de aventuras, con el que compartiste tantos momentos buenos y malos, en un sinfín de aventuras… ya se ha ido, ya partió y continua su viaje a cumplir la cita con su destino a donde quiera que este le lleve, y no estuvimos ahí para al menos despedirnos o darle las gracias por tan maravillosos momentos compartidos y decirle lo mucho que significo su amistad en nuestras vidas, que se le quería y que sin su amistad nuestra vida hubiera sido otra. Que su llegada a nuestras vidas tuvo como principal propósito enriquecerla y hacerla más interesante y divertida. Ya no tendremos la oportunidad de decirle nada de esto, porque supusimos, que siempre habría tiempo para hacerlo y postergamos esta charla una y otra vez, hasta que llego el día en que ya no hubo un después y ese sentimiento que le queríamos expresar se queda dentro de nosotros como una brasa encendida quemándonos, sin el consuelo de podérselo ya decir.
Así que cuando un amigo o un ser querido se nos adelanta en el viaje hacia la posteridad, con el muere parte de nosotros. Ya que lo vivido junto a él, se ha ido con él, pues esos momentos que nos pertenecían a ambos, se fracturan y él se lleva su parte, haciendo imposible poderle reponer jamás. De manera que cuando un amigo parte, se lleva con el parte de nosotros, porque él forma parte de nosotros.
Así que sólo ante la muerte, reparamos que dejamos lo más por lo menos, ya que por cosas banales y sin verdadero valor, dejamos de poner atención y atender lo que es realmente importante en nuestras vidas, como lo es la familia y los amigos.
Debemos de hacer un espacio en nuestra apretada agenda llena de compromisos y actividades, para darle lugar a la convivencia con la familia y los amigos, pues sin ellos la vida no tiene ningún sentido. Por ellos somos y a ellos nos debemos,

Miguel Ángel Rodríguez Feliciano

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